Después de que el SEPBLAC publicara en 2013 una serie de recomendaciones sobre las medidas de control interno para la prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, quiso ir un poco más allá en el cumplimiento por parte de los sujetos obligados con la ficha de autoevaluación.

La intención del órgano ejecutivo con este modelo no era otra que estandarizar los protocolos de prevención adaptados a cada sector y, en consecuencia, según el riesgo del sujeto obligado.

Por eso, el modelo de autoevaluación, que se materializa en una ficha con un formato de documento muy visual a través de colores, deberá recoger el resumen o conclusiones del análisis que los sujetos obligados han hecho con la herramienta estandarizada ofrecida por el SEPBLAC y que incluye, entre otros elementos, el plan de ajuste al estándar, las medidas necesarias para adaptarse y el calendario de implantación.

La ficha contiene cuatro grandes apartados con un desglose que contiene cuestiones específicas:

  • Gobernanza. Se mide el grado de involucración de la Alta Dirección tanto informativa como formativa, así como la composición del OCI y cuál es la estructura y funciones de la unidad de prevención
  • Diligencia debida. En este apartado se incluyen cinco aspectos como la política de aceptación de clientes, su segmentación e identificación, junto al conocimiento sobre la actividad y origen de los fondos, y la conservación de los documentos
  • Detección, análisis y comunicación. Sirve para valorar la funcionalidad de la herramienta con sus operativas de riesgo definidas y la gestión de alertas. También incluye la comunicación interna de empleados y el proceso de análisis especial
  • Revisiones del sistema referidos a la auditoría interna e informes del experto externo

Las valoraciones se presentan mediante un código de colores donde el verde indica un cumplimiento satisfactorio; el ámbar muestra avance sustantivo de las medidas tomadas; y el rojo, la necesidad de implantación de medidas relevantes.

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