Muchas deben ser las ventajas que ofrecen este tipo de plazas financieras a los grandes patrimonios ya que si buscamos un denominador común en las investigaciones por blanqueo de capitales o por evasión fiscal, éste precisamente se localiza en la existencia de cuentas o sociedades residenciadas en centros financieros offshore.

El origen de los centros financieros offshore, conocidos como paraísos fiscales, se remonta a 1920 si lo asociamos a las primeras búsquedas de motivaciones económicas. Será en la década de los 60 cuando cobren su máximo esplendor coincidiendo con la imposición de estrictas regulaciones en los sectores financieros de los países industriales.

Baste señalar, por ejemplo, que entre 1964 y 1973 el número de oficinas extranjeras de los bancos estadounidenses creció de 181 a 699. Y de ellas, en torno al 50% se estableció en centros financieros offshore.

Desde entonces, las sociedades con sede en estos centros, así como el valor de los depósitos abiertos en sus bancos no ha hecho más que aumentar, con la única salvedad de los periodos de crisis económicas en los que se ha disparado el interés por la supervisión de los servicios que prestan.

Los centros financieros offshore, desde la legitimidad, trabajan en una serie de servicios que pueden ser agrupados en tres categorías, según el documento “Caribbean Offshore Financial Centers: Past, Present and Possibilities for the future”.

  • Inversiones Privadas que son administradas con el fin de minimizar las potenciales obligaciones fiscales y maximizar la protección que otorga el secreto bancario y el no intercambio de información
  • Protección de Activos: el uso de una jurisdicción internacional diferente de la residencia del cliente, permite la protección de los activos e ingresos ante riesgos políticos, fiscales y legales.
  • Planificación del Patrimonio mediante la administración de los activos en jurisdicciones legales y fiscales más favorables.

Estos servicios se prestan a través de diferentes medios. Las Corporaciones Internacionales de Negocios son uno de ellos. Se trata de empresas que pueden establecerse con un bajo coste y están exentas de todo tipo de impuestos. Se usan para operar negocios o incrementar el capital mediante la emisión de acciones, bonos u otros instrumentos.

Por otra parte, las empresas comerciales pueden establecer una compañía de seguros en un centro financiero offshore para administrar los riesgos y minimizar el pago de impuestos. También las aseguradoras residentes en un país pueden establecer una compañía offshore para reasegurar ciertos riesgos que reduzcan los requerimientos de capital y reservas en el país de residencia.

Las multinacionales pueden, asimismo, realizar operaciones a través de estos centros para minimizar la carga fiscal por medio de la transferencia de precios. En el caso de personas físicas, los regímenes tributarios favorables se pueden utilizar bajo la forma de Holdings o Fundaciones de carácter privado.

Finalmente, los bancos pueden establecer sus entidades financieras offshore para manejar operaciones de moneda extranjera o para necesidades de financiación. Asimismo, cualquier cliente, persona física, no residente en la jurisdicción donde el banco está registrado, pueden abrir cuentas para evitar el pago de impuestos, administración de activos o resguardar su anonimato bajo el secreto bancario.