El concepto de paraíso fiscal ha vuelto a la actualidad de la mano de Gibraltar, un territorio que el gobierno español mantiene en la lista de este tipo de jurisdicciones teniendo en cuenta que no existe todavía convenio de doble imposición internacional ni de intercambio de información tributaria, y pese a que la OCDE dejó de contemplarlo como paraíso fiscal hace años. Sus ventajosas condiciones impositivas cifran en torno a 84.000 las empresas allí registradas por apenas 30.000 gibraltareños, según datos de D&B Emerging Markets Centre.

Estos refugios calificados en la legislación española como paraísos fiscales, tienen en su origen una terminología diferente que procede de una traducción errónea.

Según explica Rafael J. Sanz Gómez, investigador en Derecho financiero y tributario de la Universidad de Sevilla, en su artículo Aclarando conceptos: paraísos fiscales, la expresión española procede de una mala traducción del vocablo inglés “haven” (refugio) al confundirlo con “heaven” (paraíso).

En su opinión, se trata de un error que ha concluido en un término “con éxito” porque “evoca una imagen concreta” que es la que normalmente se asocia a los paraísos fiscales: las islas paradisíacas situadas en el Caribe, que ofrecen una “mezcla de palmeras y secreto bancario”.

Así, estamos ante un término que aporta una serie de connotaciones. Paraíso es una palabra positiva que se aplica a una realidad negativa y que, además, se contrapone a una noción de “infierno fiscal”, donde los impuestos son más elevados.

Sin embargo tampoco “refugio fiscal”, la traducción correcta del término, sería adecuada a la actualidad de estas jurisdicciones, ya que buscar refugio implica “la necesidad de protección ante un ataque, es decir, un excesivo afán recaudatorio por parte de los países de origen de aquellos que buscan amparo”, algo que no suele producirse.

Además, según Sanz Gómez, si en un pasado los paraísos fiscales servían como “meros depósitos de bienes”, en la actualidad constituyen “un engranaje básico del sistema económico-financiero mundial”.

Y añade que aunque se extendiera el término «refugio», con connotaciones positivas menos arraigadas que el de “paraíso”,  se estarían mostrando como “una realidad ajena al sistema económico, donde éstos estarían fuera del conjunto de operaciones económicas y a ellos, en momentos determinados, se desviarían beneficios para escapar del control de las autoridades”.

Teniendo en cuenta que esto no es así, el autor concluye que sería necesario “usar otra palabra que expresara la nueva realidad que suponen los muy mal llamados paraísos fiscales, o limitarnos a describirlos”.

Fuente: ABC