Su uso ha proliferado últimamente como un método con el que poder repatriar los fondos desde un paraíso fiscal al país que se quiera, sin necesidad de desvelar los datos de la cuenta offshore de origen.

Incluso en Internet, con una simple búsqueda, es posible conseguir una de estas tarjetas que la única diferencia que presenta con una de débito es que no tiene ningún nombre asociado y sí un número. Tampoco hay identificación personal en la banda magnética ni en la cuenta bancaria asociada a esa tarjeta.

Para que las tarjetas anónimas empiecen a funcionar es necesario que se interponga la figura de un intermediario entre la cuenta offshore y su tarjeta de débito, totalmente independiente de la cuenta bancaria.

Los programas de tarjetas anónimas funcionan en su mayoría con una trust account o “cuenta madre” abierta por una entidad financiera que guarda los fondos de los clientes.

Así, la operativa que sigue la entidad financiera es asignar a cada cliente una subcuenta y una tarjeta con un determinado número y cada vez que el cliente realice una transacción deberá indicar su número de tarjeta para que la cuenta madre conozca qué subcuenta es la que está operando.

Una vez recibido el dinero, la entidad identificará el pago e ingresará el importe en la subcuenta correspondiente. Será a partir de este momento cuando el dinero estará disponible para su utilización o retirada en un cajero automático. En cualquier caso, no hay rastro del verdadero titular del dinero.

Para evitar y prevenir prácticas delictivas, los bancos que disponen de trust accounts suelen cancelar las cuentas asociadas si sospechan que pueden estar produciéndose operaciones de fraude o blanqueo. Esta cancelación es posible ya que para adquirir este tipo de tarjetas anónimas es necesaria la previa identificación del cliente con pasaporte o DNI, por ejemplo.

Sin embargo, existen entidades o intermediarios con sede en paraísos fiscales que incorporan criterios menos rígidos en materia de cumplimiento normativo y del know your customer. En estos casos,  que por supuesto son aprovechados por los blanqueadores, se obtienen las tarjetas de otras empresas financieras o, incluso, tarjetas de un solo uso.