De nuevo, el GAFI ha querido advertir en un Informe publicado en julio de 2015 sobre el riesgo y vulnerabilidades del mercado del oro como instrumento para el lavado de activos. Las recomendaciones 22 y 23 de este organismo ya incluían explícitamente las medidas de diligencia debida a adoptar por este sector.

Como contenido principal, el informe ofrece una serie de casos de estudio e indicadores de riesgo (red flags) para dar a conocer y sensibilizar de estas prácticas tanto a a los profesionales de la prevención como a las empresas que comercian con oro.

Hay que recordar que en el artículo 2 de nuestra Ley 10/2010, se identifica como sujetos obligados a “las personas que comercien profesionalmente con joyas, piedras o metales preciosos”. Y ya en el Reglamento se especifica que tendrán que identificar al cliente y las operaciones realizadas, así como conservar la documentación que “se harán constar en un libro-registro, en soporte físico o electrónico”.

El oro supone para los criminales un medio alternativo para mover sus activos, transferir valor y generar ganancias, con el atractivo de que tiene un valor estable y es fácilmente transformable e intercambiable. Además, es un mercado que opera con mucha discreción y mantiene el anonimato de sus clientes, variables que favorecen la actividad ilícita.

En un momento en el que los gobiernos e instituciones internacionales y el sector financiero están reforzando las medidas para luchar contra el blanqueo, el crimen organizado y los grupos terroristas hacen compatibles otros sistemas como el inmobiliario con la adquisición de lingotes. Incluso montan cadenas de tiendas para comprar y vender metales preciosos a través de sus propias empresas como fórmulas alternativas para introducir sus fondos en los sistemas financieros legales.

Y es que, como advierte el GAFI, es un negocio altamente lucrativo que genera oportunidades de negocio para los criminales en todas sus fases, desde la extracción hasta el comercio minorista. Prueba de ello es la importante operación policial llevada a cabo en España en la que se investigó una red que compraba joyas de otras tiendas “compro oro” que mandaba fundir en lingotes para ser vendidos posteriormente.

También parece que la hawala, sistema de transferencia alternativo e informal de fondos, del Sur de Asia y de Oriente Medio, estaría conectada con los circuitos del oro.