Las monedas virtuales son un conjunto de instrumentos de pago innovadores que, por definición, carecen de un soporte físico que los respalde.

Esta característica es, precisamente, la que ha propiciado no sólo su auge sino también su popularidad en el juego online, las redes sociales y otros servicios virtuales que ofrecen este tipo de divisas como solución de pago alternativa.

Son muchas las monedas virtuales que hay en el mercado pero, sin duda, la más destacada a nivel mundial es el bitcoin. En cualquier caso, todas ellas pretenden ocupar en el ciberespacio un papel similar al que el dinero tradicional juega en el mundo real.

Al estar, por tanto, ante un dinero que no puede ser controlado por banco central o entidad financiera, no existe autoridad que asuma la responsabilidad ni de su emisión ni del registro de los movimientos que se produzcan.

Y si tenemos en cuenta que la transmisión del valor monetario se produce directamente entre ordenante y beneficiario, no hay un único punto de contacto que monitorice el origen y destino de los saldos que se movilizan.

Esta cuestión, que podría analizarse como una ventaja para los usuarios, esconde un riesgo potencial en la medida que dificulta la identificación y alerta temprana ante posibles comportamientos sospechosos de actividades ilícitas y blanqueo de capitales.

Además, la identidad de los tenedores es anónima ya que las unidades de este tipo de monedas se almacenan en una “cartera virtual”.

Por simplicidad, tal y como describe el Banco de España, el mantenimiento de estas “cuentas de depósito” suele externalizarse sobre proveedores terceros y la identidad de sus titulares se corresponde con una clave pública criptográfica equivalente a una larga secuencia de letras y números.

Esto favorece el uso de las divisas virtuales como vehículo para el fraccionamiento de operaciones de mayor importe y evitar, así, las obligaciones de reporte y mantenimiento de registro recogidas en las diferentes legislaciones en materia de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo.

A esto habría que añadirle que la agilidad y sencillez con la que se pueden transferir los fondos entre dos puntos geográficos bien distantes, propicia la aceptación de monedas virtuales como medio de pago en páginas web que desarrollan actividades ilícitas.