El parón en el comercio y en el sector servicios como consecuencia de la pandemia provocada por el COIVD-19 ha obligado al crimen organizado a buscar otras vías para blanquear el dinero que sigue recaudando con sus actividades ilícitas, incluido el negocio de mascarillas. El nuevo método apunta al uso de microempresas y trabajadores independientes, como ha señalado a EFE el director para América Latina y el Caribe, con sede en Panamá, de la ONG internacional Crime Stoppers, Alejo Campos.

Las nuevas estructuras de blanqueo buscan a pequeños empresarios y a trabajadores independientes del sector servicios con historial crediticio y fiscal «intachable» de forma que no generarán alertas en el sistema financiero o en las Unidades de Inteligencia Financiera (UIF). Los delincuentes se presentarán como «el mejor socio capitalista para reactivar el negocio» una vez se reabra la economía, o como pequeñas empresas de microfinanzas, nuevas en el lugar o incluso antiguas pero ahora «con mucho dinero para ofrecer». Tampoco sería extraño que planteen directamente el negocio del blanqueo.

Con esta nueva práctica podrían lavar en torno a 20.000 dólares por empresa, una suma que de manera aislada no es elevada y no llamará la atención de los reguladores, pero que si se multiplica por varios miles de asociados representa millones al año.

Según Campos, el crimen organizado apunta ahora a los emprendedores más pequeños porque «otros sectores donde se puede lavar en grande -que obviamente seguirán usando- están ya muy regulados».

Se trata, en suma, de abrir estas vías que no están controladas, aprovechando su vulnerabilidad y que «necesitan dinero en efectivo para reactivarse». «Los que ahora son atacados son aquellos que nunca se han investigado y se necesita entender cuál va a ser la dinámica. Mientras se termine de entender, se habrá lavado bastante dinero si no tomamos las precauciones y las alertas especialmente con la ciudadanía», añade el directivo.

Durante la pandemia, algunos delitos precedentes del blanqueo no pueden desarrollarse al 100 %, pero las redes se adaptan rápido. Por ejemplo, la trata de personas ha disminuido, sobre todo en temas de explotación sexual, porque los aeropuertos y el servicio turístico están cerrados; por contra, el narcotráfico ha continuado, ha buscado nuevas ruta y la corrupción también ha aumentado. Todo ese dinero tiene que seguir blanqueándose.

Junta a estas actividades ilícitas, «el contrabando y la falsificación lo estamos viendo muchísimo en las mascarillas, medicamentos y todos los productos que tienen ver con el COVID-19 o la contención del virus (…) Y esto está generando mucho dinero», constata Campos.