El relevo de los CEOs al frente de las grandes empresas cotizadas del mundo alcanzó sus cifras más altas el año pasado. Además, por primera vez, el porcentaje de sustituciones de estos altos cargos como consecuencia de cuestiones éticas con un 39% supera al de aquellos que lo han sido como consecuencia de la evolución financiera de la compañía (35%) o de las presiones del consejo (13%).

Fuente: PwC.

Las causas de que esta banda de color amarillo de la tabla vaya ensanchando y haya pasado de un 8% en 2007 al 39% en 2018 habría que buscarlas en que existen mayores exigencias regulatorias y supervisoras y menos tolerancia hacia los problemas éticos dentro de las propias organizaciones. En la actualidad, al CEO de una compañía que se ve envuelta en un escándalo importante, se le suele despedir. Y es que junto a las posibles sanciones económicas está el riesgo reputacional para la organización.

Son datos que se recogen en el informe ‘Sucesión de los CEOs 2018’, elaborado por la consultora PwC en 2018, donde se señala que, en términos generales, fueron relevados el 17,5% de los primeros ejecutivos de las 2.500 empresas cotizadas más grandes del mundo, lo que representa 438 altos directivos.

Se trata del mayor porcentaje registrado desde 2000, año a partir del cual se realiza este estudio. La mayoría de estas sucesiones -el 68%- se hicieron de forma planificada, un 11% como consecuencia de operaciones de M&A y un 20% fueron no planificadas o imprevistas.

La tendencia ha cambiado y así lo demuestra también el dato de que en el año 2000, los CEOs tenían una permanencia en el cargo de 8 o más años y en la última década ha bajado a 5 años.

Cultura del cumplimiento y la ética

En los últimos años, los inversores, los gobiernos, los Consejos de Administración y los medios de comunicación exigen a los CEOs más responsabilidad en cuestiones éticas relacionadas con el fraude, la corrupción o la falta de transparencia, principalmente.

Y aunque en cifras absolutas es escaso el número de consejeros que ha perdido su posición por esta causa (18 en 2016, por ejemplo), lo cierto es que en los últimos 15 años el entorno en el que operan las empresas ha cambiado.

Según los expertos, detrás de ese cambio habría cinco elementos: el público se ha hecho más desconfiado, más crítico y menos indulgente respecto a las malas prácticas corporativas; la regulación en muchos países es más proactiva y sancionadora; cada vez hay más compañías presentes en mercados emergentes, donde los riesgos éticos son mayores; el auge de la comunicación digital está sometiendo a empresas y directivos a mayor exposición y riesgos que nunca; y, por último, el ciclo de las noticias 24 horas, siete días a la semana como altavoz para la información negativa en tiempo real.

El resultado de todos ellas es un mayor escrutinio acerca del comportamiento de los CEOs, una demanda creciente de sistemas judiciales más agiles y un menor margen de error para todos los involucrados.

De ahí la importancia de desarrollar una cultura del cumplimiento en las organizaciones que transmita un mensaje claro y sencillo sobre los comportamientos éticos. Los hechos han probado que es el escudo más eficaz para protegerse de este tipo de escándalos si mantienen controles de máxima calidad y crean una cultura corporativa.