‘Fariña’, como se refieren los narcotraficantes de las costas gallegas a la cocaína, primero fue el título de un libro del periodista Nacho Carretero que se situó en el top ten de ventas con secuestro judicial incluido. Y después adaptado para serie de televisión, tan de éxito, que la producción de Antena 3 la compró la plataforma Netflix.

A lo largo de sus 16 capítulos, la serie recrea la historia real de cómo entre finales de los años setenta y principios de los noventa -hasta la operación ‘Nécora’-, quienes traficaron con tabaco en la ría de Arousa (Pontevedra) dieron el salto a la droga para convertirse en los capos del narco en las Rías Baixas.

Y es que el 80% de la cocaína desembarcaba en Europa por las costas gallegas.

Capos con negocios legales para blanquear

Sus nombres aún son muy reconocibles. Incluso hay clanes que todavía continúan en activo.

Sito Miñanco, Laureano Oubiña o Manuel Charlín son los principales protagonistas de la serie, junto al patriarca Vicente Otero, ‘Terito’, el jefe de la cooperativa en sus inicios como contrabandistas.

Todos ellos, ya con la descarga de cajas de tabaco en las costas, contaban con estructuras organizadas y sociedades que usaban para blanquear los beneficios de la venta del ‘Winston de batea’. Y lo que era fundamental. De una forma directa o indirecta, tenían en nómina a muchas familias de Vilagarcía, Cambados y Vilanova.

Terito’, que como negocio para lavar el dinero tenía un restaurante, controlaba la contabilidad con las entradas y salidas de cada miembro de la cooperativa y gestionaba los sobornos para comprar a políticos, policías e, incluso, jueces.

También, con ayuda de empleados de entidades bancarias, recurría al ingreso de cantidades mensuales fijas -3 millones de las antiguas pesetas- en cuentas de jubilados o, incluso, de fallecidos, que después salían ya como dinero legal.

Oubiña gestionaba una empresa de transporte con camiones que también ponía al servicio del contrabando y después para el tráfico de hachís la ‘fariña’.

Y Charlín era el propietario de una fábrica de conservas dirigida por su hija y que, a su vez, daba empleo a las mujeres de la zona.

Aún con estos negocios a pleno rendimiento, la entrada de dinero superaba los mecanismos de lavado porque su vida era aparentemente sencilla, sin signos de ostentación.

De hecho, en unos de los capítulos, se ve cómo Oubiña pierde más de 20 millones de las antiguas pesetas que guardaba en un depósito de agua que reventó por las fuertes lluvias.

Con Sito Miñanco se cerró el acuerdo con Colombia

José Ramón Prado Bugallo, conocido como ‘Sito Miñanco’ por su apodo familiar en Cambados, y eje central de la serie, pasó de almacenar el dinero en los botes de detergente de la época a construir una infraestructura que incluía libros de contabilidad duplicados, subcontratas, empresas tapadera y cuentas en Suiza y Panamá.

También presidió el equipo de fútbol local Xuventude de Cambados.

Junto a sus dos socios, Ramiro Martínez Señoráns y Olegario Falcón Piñeiro encabezaron la “ROS S.L.”, una de las mayores organizaciones tabaqueras ilegales de Europa.

De piloto de planeadora fue el primero en la ría que hizo negocios con los narcos de Colombia, concretamente con el cártel de Medellín.

Miñanco llevaba los maletines con el dinero en cash a Panamá para ingresarlo en entidades que funcionaban bajo secreto bancario. En uno de esos primeros viajes conoció a Odalys Rivera, sobrina de un ministro del general Noriega, quien le puso en contacto con los narcos colombianos y que luego se convertiría en su segunda mujer.

Posteriormente, llegó a tener organizaciones bajo su mando hasta con 300 integrantes, barcos en propiedad y contactos de alto nivel. Además, de testaferros y cortafuegos para que ningún cargamento se pudiera vincular con él.