La última obra cinematográfica del maestro Scorsese fue estrenada en España en enero de 2014 y cuenta la historia de un personaje real, Jordan Belfort, conocido como el Lobo de Wall Street por su meteórico ascenso en el mundo de las finanzas.

De ahí que este biopic, protagonizado en la gran pantalla por Leonardo Di Caprio encarnando a Belfort, se lanzara con este título.

Si empezamos por el final, lo cierto es que tras unos años de enriquecimiento ilícito rodeado de excesos, en 1998, Belfort fue juzgado por estafa y blanqueo de capitales. Se le condenó a cuatro años de prisión y a una multa de 110 millones de dólares.

La carrera del personaje se inicia como corredor de bolsa en la empresa L. F. Rothschild. En 1989, se hace con su propia agencia corredora, Stratton Oakmont, desde la que llegó a estafar a sus inversores más de 200 millones de dólares.

Además, Belfort blanqueaba el dinero de las comisiones obtenidas en la compra-venta de acciones. Y lo hacía en Suiza, a través de intermediarios.

La manera de operar de Stratton Oakmont se iniciaba con la selección de una empresa susceptible de convertirse en pública a través de una oferta pública inicial de acciones (OPIs) que no eran vendidas al público sino que se compraban ilícitamente por la empresa del Lobo de Wall Street mediante intermediarios de confianza.

Posteriormente, buscaban inversionistas convencidos por un buen equipo comercial para ofrecerles OPIs con “mucho potencial”. En esta idea, los clientes autorizaban órdenes de grandes compras de la acción suponiendo un precio inicial de 4 dólares y transferían su dinero a Stratton.

En este momento de la jugada, Belfort debía asegurarse de que el precio de las acciones alcanzara mayor valor (unos 12 dólares por acción, aproximadamente) y obtener ganancias sustanciales.

Esta operación era posible teniendo en cuenta que Stratton Oakmont había comprado todas las acciones de la OPI mediante sus intermediarios.  Así, podía manipular el precio en el mercado secundario mediante la venta también acordada con intermediarios de confianza.

Cuando las acciones subían al precio deseado, se ejecutaban las órdenes de compra de sus clientes con un precio mucho mayor al que éstos habían anticipado.