La figura de Al Capone vuelve a cobrar protagonismo cuando hablamos de esta cuestión, ya que fue él, durante la Ley Seca en EEUU, el responsable de acuñar la expresión “lavado de dinero”.

El GAFI define el blanqueo de capitales como “el proceso al que se someten los ingresos producidos por el delito para ocultar su origen ilegal y legitimar las ganancias ilícitas de ese delito”.

Paraísos fiscales y sociedades offshore; inversión en monedas virtuales; juego online y casinos; compra de sociedades e inmuebles por encima del valor estimado; operaciones de compra-venta (flipping); ventas ficticias en efectivo, sobre y subfacturación o facturación múltiple; apertura de empresas fantasmas; pitufeo; autopréstamo; remesas en efectivo a otros países; la compra de bienes como obras de arte, metales preciosos y joyas, son algunas de las fórmulas para blanquear.

La tendencia del blanqueo de dinero sigue colocando a los inmuebles, los préstamos y el blanqueo basado en el comercio como los métodos preferidos. El uso de tarjetas de crédito emitidas por bancos offshore ha crecido, al igual que lo relacionado con productos basados en las nuevas tecnologías, como el dinero electrónico, el ecommerce y el juego.

Todas estas modalidades, con independencia de que el delito previo sea un delito fiscal o esté relacionado con el tráfico de drogas, la venta ilegal de armas, la corrupción o cualquier otro tipo delictivo, tienen en común tres etapas identificadas: colocación, oscurecimiento e integración.

En este último momento, primero hay una “justificación”, es decir, la creación de un origen aparentemente legal para terminar en una inversión lucrativa.

De negro a blanco. Es el resumen para identificar de manera gráfica la forma de introducir “dinero sucio” procedente de fraude fiscal u otras actividades ilícitas en el sistema a través de cuentas bancarias, inmuebles, acciones, seguros y otros activos que puedan usarse más tarde sin despertar sospechas.

Tradicionalmente, la lucha contra las actividades delictivas, en general, se centraba en esclarecer ese delito. Desde los años noventa, se presta mayor atención a la confiscación del producto del delito. Y más recientemente, con la introducción de la comunicación de operaciones sospechosas por entidades de control, es habitual que el flujo de dinero o de bienes se investigue antes de que el delito se haya descubierto.

De ahí que el objetivo sea que ese producto no pueda ser rastreado hacia atrás y, así, gastar o invertir grandes cantidades de dinero sin necesidad de acreditar una fuente de ingresos legítima.