Los vínculos entre el terrorismo internacional y el tráfico ilegal de drogas no son solo innegables sino sólidos. Se trata de una de las fuentes principales de financiación.

El propio GAFI, no ajeno a esta realidad, ha realizado un completo informe para identificar las corrientes financieras ilícitas vinculadas con la producción y el tráfico de drogas en Afganistán, líder mundial en la producción y el tráfico de opiáceos.

Los opiáceos y los flujos financieros asociados no siguen las mismas rutas.

Y aunque existe poca información sobre el “modelo de negocio” del comercio de estas sustancias en el país afgano, lo que sí se sabe es que a nivel mundial, sólo una pequeña parte de los fondos o activos relacionados con las drogas se confisca, mientras que casi todos los beneficios se integran legalmente en el sistema financiero del mundo, tras un proceso de blanqueo.

Los grupos terroristas están muy relacionados con este tráfico ilegal de drogas, y no exclusivamente en la parte operativa sino también en la lucrativa ya que este creciente comercio suele ser una de sus principales fuentes de ingresos, proporcionándoles los medios financieros necesarios para convertirse en una gran amenaza para la seguridad internacional.

La libre circulación de capitales permite que estas redes ilícitas combinen espacios legales e ilegales para invertir los beneficios del tráfico de drogas con facilidad y realizar transacciones financieras desde cualquier parte del mundo en minutos.

Por tanto, la conexión internacional de grupos terroristas con las redes de blanqueo es también una realidad, en ocasiones más cercana de lo percibido.

En el caso del Ejército Islámico (IS), el grupo terrorista mejor financiado hasta ahora y que ya llega a autofinanciarse, sólo con el contrabando de petróleo recibiría dos millones de dólares diarios.

Según The Guardian, antes de la invasión de Mosul, IS tendría unos 875 millones de dólares en cash y otros activos. Tras la conquista de la segunda mayor ciudad de Irak el pasado mes de junio 2014 habría aumentado su riqueza en 1.500 millones de dólares adicionales.

Una vez consigue lavar estos activos que se suman a las donaciones multimillorarias procedentes de particulares –alguno sancionado por la ONU-, se hace con control de recursos como campos de petróleo, plantas de gas y otras compañías.