Del casi millón de informes por operaciones sospechosas (STRs) que reciben las Unidades de Inteligencia Financiera de la UE, solo el 10% se investiga adicionalmente. Y eso teniendo en cuenta que más del 65% de estos informes procede de dos Estados miembros: Reino Unido y los Países Bajos.

Incluso donde se investiga más a fondo, la probabilidad de recuperar con éxito los activos es baja y apenas el 1% del producto del delito se llega a confiscar por las autoridades a nivel de la UE.

Estos datos publicados por Europol llevan a este organismo a cuestionarse por qué es tan baja la tasa de éxito del sistema y qué se puede hacer al respecto.

En su documento “De la sospecha a la acción – La conversión de inteligencia financiera en un mayor impacto operativo”, se proporciona información sobre las tendencias y el desarrollo del marco regulador contra el blanqueo de capitales y el nivel de los informes de operaciones sospechosas de la UE. Y desde una idea clara de las deficiencias existentes, también ofrece recomendaciones sobre cómo mejorar la forma de prevenir esta actividad delictiva.

No obstante, para acabar con las prácticas de la criminalidad organizada, Europol señala que es necesario trabajar desde un enfoque basado en la inteligencia, de forma que se use un conocimiento mejorado que dirija los recursos operacionales hacia las áreas prioritarias.

Se trata de ver cómo la inteligencia financiera ayuda a los investigadores transfronterizos de toda Europa a desmantelar esta amenaza, ya que como destaca el director de Europol, Rob Wainwright, la lucha contra el blanqueo funciona de manera óptima a nivel nacional pero “aún no se ha ajustado plenamente a la realidad de un problema de naturaleza internacional”.

Además, Wainwright admite que existen estructuras para facilitar la cooperación transfronteriza entre las unidades nacionales pero persisten importantes barreras en la cooperación internacional y el intercambio de información, lo que revela la necesidad urgente de una visión supranacional en mercados que son cada vez más globales“.

El informe explica también los retos marcados por la influencia de la creciente demanda de servicios online y sistemas de pago por internet. El desarrollo de estos “entornos virtuales sin fronteras” requiere una reflexión sobre cómo adaptar las políticas que están pensadas para ser supervisadas únicamente a nivel nacional, mientras que el negocio subyacente ya es transnacional y globalizado por su propia naturaleza.

Igualmente, el intercambio “simétrico” de información entre las UIF se identifica como una cuestión que puede impedir que la información crucial contenida en los STRs llegue a los responsables de las investigaciones penales. Para superar esta otra barrera, Europol se postula como centro paneuropeo que permita la integración con otras fuentes de información procedentes de múltiples agencias.