Lo que ocurre en alta mar es más difícil de detectar por parte de las autoridades. Esta situación es bien aprovechada por algunos barcos petroleros o mercantes que, una vez en aguas internacionales, cambian la bandera que enarbolan.

El siguiente paso es, por ejemplo, que los ingresos de las ventas de petróleo o mercancías, se hagan a nombre de compañías con sede en paraísos fiscales.

Todo buque mercante debe estar registrado en un país, que será el que tenga jurisdicción sobre esa nave.

Sin embargo, cuando “navegue bajo los pabellones de dos o más Estados, utilizándolos a su conveniencia, no podrá ampararse en ninguna de esas nacionalidades frente a un tercer Estado”, y podrá  ser considerado sin nacionalidad.

Un buque con bandera o pabellón de conveniencia (BDC) es aquel que enarbola una bandera distinta a la del país de su propietario. Es decir, cuando la empresa propietaria del barco tiene su residencia en un país distinto de la bandera con la que navega.

Según los sindicatos del mar, a partir de 2008, más de la mitad de los mercantes del mundo pasan a estar registrados bajo banderas de conveniencia.

Las banderas de Panamá, Liberia y las islas Marshall representan casi el 40% de la flota mundial, ya que son Estados con sistemas de registro abierto o controles mínimos.

Frente a una media de 3.500 embarcaciones registradas en EEUU y China, respectivamente, casi 9.000 ondean la bandera panameña, según datos de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte.

Pero, ¿qué ventajas tiene el uso de buques BDC? En un ámbito donde la nacionalidad es decisiva para establecer relaciones directas de responsabilidad y cumplimiento normativo, con esta práctica se crea un entorno facilitador de las actividades delictivas.

Y es que los armadores, al ‘desabanderar’ su buque, se benefician de una regulación mínima; tasas de matriculación baratas; impuestos bajos o inexistentes; así como de contratar mano de obra barata.