Según estudios de la organización ‘European Free Alliance’, el coste de la corrupción en la Unión Europea oscila entre los 202 mil millones y 1,072 millones de millones de dólares al año, entre el 1 % y 5 % del PIB de la región.

Y Latinoamérica, por su parte, se sitúa como una de las regiones más afectadas por este fenómeno con el soborno a la cabeza como práctica de las empresas.

Por ejemplo en México la corrupción puede llegar al 9% del PIB, (aproximadamente 103 mil millones de dólares), en Perú estas mismas cifras equivalen al 10% de su presupuesto nacional, con unos 3.600 millones de dólares; en Colombia por corrupción se pierden anualmente 16.000 millones de dólares (50 millones de millones de pesos), cifra cercana al 4% del PIB y en Honduras las pérdidas superan 367.1 millones de dólares al año, casi el 4,3% del PIB (FIDH, 2018).

Precisamente con el objetivo de identificar el panorama del soborno corporativo en América Latina, como forma de apoyar el proceso de toma de decisiones para combatir este fenómeno, en los sectores público y privado, el 30 de julio de 2019 se hizo público el primer Estudio sobre las prácticas empresariales contra el soborno en el que se contado con una muestra de 2.963 empresas ubicadas en siete países de la región: Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, México y Perú.

El estudio analizó el nivel de conocimiento de los empresarios respecto a las iniciativas obligatorias y voluntarias diseñadas para combatir la corrupción y el soborno. También permitió comprobar el nivel de esfuerzo realizado por las empresas para combatirlo, estableciendo, adicionalmente, la frecuencia de los comportamientos percibidos, asociados al soborno.

Perciben que existe el soborno generalizado

El 95% de las empresas consideró que en su país se lleva a cabo el soborno. Así, la percepción sobre el hábito frente al soborno en el ambiente externo es de que se trata de una «actividad recurrente en su entorno». Sin embargo, el porcentaje disminuye cuando se les cuestionó sobre la existencia de sobornos en su propio sector económico (76%); además, el 47% de la muestra indicó que una de las presiones más fuertes para ofrecer sobornos en el sector privado es que la competencia lo hace.

Lo anterior sugiere que las organizaciones perciben el soborno como una actividad que se lleva a cabo por fuera de sus fronteras organizacionales y fuera de su control. Cuando se les preguntó por el sector económico más propenso al soborno, la mayoría de la muestra regional eligió al sector de la construcción (34%) seguido del de administración pública, defensa y seguridad social (20%).

Otro hallazgo sobre la percepción del soborno en el ambiente externo fueron las modalidades más utilizadas para sobornar, entre las que se encontró en primer lugar las contribuciones políticas (64%), en segundo lugar, el pago para agilizar trámites (67%) y en tercer lugar el cierre de negocios y contratos (47%).

Los directivos participantes consideraron que se paga de media un 26.2% adicional de manera secreta para asegurar un contrato o negocio.

Los empresarios desconocen qué hacer

Sobre el conocimiento de las iniciativas obligatorias y voluntarias para combatir el soborno, los principales resultados del estudio muestran que el 63,5% de las empresas participantes desconoce los mecanismos voluntarios para el combate del soborno y casi la mitad (49,8%) los relacionados con la corrupción.

La iniciativa voluntaria contra la corrupción más conocida por los participantes fue la certificación ISO 37001 acerca del sistema de gestión antisoborno.

Solo el 15% de la muestra regional manifestó haber realizado capacitaciones acerca de la prevención del soborno y actos de corrupción a sus empleados, contratistas o empleados de sus contratistas.

Asimismo, el documento revela que el 46,5% de las empresas manifiesta no hacer nada en evaluación de riesgos de soborno y el 38,7% no hace nada en el área de recursos humanos, lo que contrasta con la política de sanciones, ya que un 46% de la muestra manifiesta tener sanciones a empleados que incurran en intentos o en actos de soborno, lo que en opinión de los autores, muestra «una cultura punitiva, reactiva y poco preventiva».

Entre los países del estudio en general las tendencias son similares, sin embargo en cuanto a conocimiento y esfuerzo Perú muestra mejores indicadores liderando la región, mientras que Argentina se muestra rezagada frente a los otros países.