El origen de los casinos ha estado inevitablemente ligado a la expansión del crimen organizado, sobre todo en EE.UU, que vio en este sector un negocio propicio para el blanqueo de dinero procedente de sus actividades ilícitas. De forma paulatina, los controles normativos se han ido endureciendo a nivel internacional hasta llegar al momento actual donde el foco ya no se sitúa tanto en el propio negocio como tal sino en los jugadores y en los empleados.

Y es que en la medida que, como sucede en España, los casinos son sujetos obligados, es al sector a quien corresponde por ley cumplir con una serie de obligaciones para prevenir conductas u operaciones que tengan como finalidad el blanqueo.

Para facilitar este cumplimiento, la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias, en colaboración con asociaciones del sector, ha elaborado un Catálogo de operaciones de riesgo donde se describe una serie de ejemplos a partir de 3 premisas: el perfil del cliente en función de la información de que disponga el casino, su actividad usual según sus antecedentes operativos y las actividades de juego y compraventa de fichas que son habituales en un casino.

La falta de coherencia es lo que debe hacer saltar las alarmas en todos los casos.

Cuándo sospechar de que los jugadores no quieren ser identificados

En su decálogo sobre los riesgos relacionados con la identificación formal, la Comisión llama la atención sobre los jugadores sobre los que existan dudas de que intenta ingresar al casino o casino on-line, canjear fichas, recibir certificados o transferencias de supuestas ganancias con nombre falso o aportando datos erróneos. Tampoco serán de confianza los clientes que pretendan utilizar pasaportes de países no muy comunes, con una fotografía o una descripción que no coincida con su apariencia, o que esté caducado.

El jugador que decide no completar una operación o modifica su cuantía porque tiene que identificarse o aquel que se niega a aportar los documentos o datos personales adicionales que le requiera el casino para esas operaciones deberán levantar sospechas.

Facilitar el mismo domicilio o número de teléfono que otro con quien no parezca guardar relación y estar nacionalizado o ser residente en paraísos fiscales, son elementos que deberán percibirse con riesgo por parte del casino. Además, cada entidad, en función de otras variables de riesgo geográfico, podrá determinar a qué nacionales o residentes de otros territorios les aplica las mismas medidas.

Otro de los ejemplos que destaca la Comisión es el caso de un jugador de quien se percibe que está siendo dirigido por un tercero, especialmente cuando se evidencia que no conoce los detalles concretos del juego u operación de canje que está llevando a cabo.

En la modalidad online, los riesgos se centran en los jugadores sobre los que existan dudas respecto a la identidad con la que operan en un sitio web de juego, así como en usuarios de una misma dirección online que utilizan varias identidades o cuentas para jugar.

Sus comportamientos de riesgo

Los riegos relacionados con las características de la operación o de cómo se comporta el cliente del casino cuentan con lista propia que se encabeza con el ejemplo de que un jugador compre gran cantidad de fichas en efectivo de baja denominación, participe de modo limitado en el juego y solicite el cambio de fichas por billetes de alta denominación.

También puede darse el caso de que para comprar las fichas la persona intente mezclar moneda verdadera con otra falsa y presente los billetes especialmente descolocados, muy sucios, húmedos, mohosos o con olor a producto químico. La solicitud de certificados del casino, cheques o transferencias por canje de fichas, así como la transferencias del importe de las fichas o depósitos en cuentas de juego online a cuentas bancarias de terceros o de territorios de riesgo, serán igualmente comportamientos susceptibles de ser controlados.

En esta operativa, el casino deberá sospechar del jugador que compra fichas y después solicita al casino que transfiera el dinero del canje de fichas a otro de los casinos que la cadena en otro país con una legislación más permisiva.

Será posible encontrarse, además, con personas que realizan de forma reiterada en el tiempo operaciones de compraventa de fichas por importes inferiores o muy cercanos a los umbrales legalmente establecidos (actualmente 2.000€) para evitar por parte de los casinos la identificación o conservación de documentos.

Otros recurrirán a actuar concertadamente para compensar pérdidas y ganancias; a perder reiteradamente a favor de otros jugadores con los que habitualmente juegan; a entregar fichas a uno o más jugadores de forma concertada; o a hacer operaciones de cambio de moneda y grandes apuestas que no guardan relación con su trayectoria en el casino o con su perfil económico.

En el caso de las apuestas deportivas, al tiempo que habrá de estar vigilantes ante los patrones con signos de posibles acuerdos previos sobre el desenlace o el resultado, se considerarán operaciones sospechosas aquellas poco comunes con ganancias en eventos ya iniciados donde la mayoría de las posibilidades indicaban que se va a perder la apuesta; en las que se apuesta un elevado volumen de dinero sobre eventos de escasa relevancia deportiva.

Qué resulta llamativo en el caso de los empleados

Lo más evidente sobre lo que la Comisión hace llamar la atención es, en el caso de empleados del casino, quienes exteriorizan un nivel de vida superior al que le permitiría su sueldo o circunstancias familiares o que muestra cambios repentinos en su forma de vida.

Será sospechoso también que un empleado se resista o no quiera cambiar en sus responsabilidades profesionales, especialmente si son favorables.

Ojo con el que, en comparación con sus compañeros y sin que haya ninguna razón aparente, ha tramitado operaciones infrecuentemente elevadas, con importes inusualmente altos, con nacionales o residentes de países de riesgo o que den lugar a un elevado número de transferencias y/o cheques de ganancias.