Corría el año 1993, momento en que hablar del final de los paraísos fiscales sonaba todavía a ciencia ficción, cuando el director de cine Roman Polansky estrenaba en la gran pantalla la cinta La Tapadera (The Firm).

Basada en la novela homónima de John Grisham, la temática central, el blanqueo de capitales a través de paraísos fiscales con la figura de abogados corruptos como intermediarios en negocio “tapadera”.

Tom Cruise, en el papel protagonista, se mete en la piel de Mitch McDeere, un estudiante de Derecho a punto de licenciarse en Harvard que, con un expediente brillante, busca su primer trabajo en diferentes bufetes.

McDeere se traslada a Memphis para iniciar su carrera profesional en una firma que, aunque pequeña, tiene un gran prestigio en materia tributaria. Pero Memphis, Bendini, Lambert & Locke, que así se llama el despacho, esconde la verdadera actividad a la que se dedica: servir de tapadera a una importante familia mafiosa de Chicago para blanquear su dinero.

En este caso, la fórmula escogida para lavar el dinero de la delincuencia organizada es a través de inversiones en paraísos fiscales. Y es que los miembros de despacho aprovechan el anonimato y la opacidad de los paraísos fiscales en los que operan para ocultar los abundantes beneficios procedentes de las actividades ilícitas.

Delitos de blanqueo y evasión fiscal que ya son investigados por el FBI antes que Mitch empiece a indagar qué pasa en la firma tras la desaparición de dos colegas en extrañas circunstancias.

Una vez descubre quién es quién, nuestro protagonista, rodeado de abogados corruptos, policía y mafiosos,traza una complicada estrategia con la que consigue procesar al despacho sin tener que acusarles por blanqueo. De esta forma, la mafia, aun perdiendo su tapadera, no se verá implicada en el proceso.